Murcia, 23 marzo 2017
Sigo contando… El móvil
En algunos hogares, sus miembros están físicamente cerca, pero distantes, peligrosamente alejados, por el móvil.
Me contaron de una familia -marido, mujer y dos hijos, hijo e hija, de siete a diez años-, que los chicos, un día sí y otro también, estaban a todas horas enfrascados con sus móviles, cada cual con el suyo, y los padres no podían hablar con ellos. El móvil creaba un silencio rompedor en la familia.
Hasta que un día el padre tomó una decisión sublime: llevó a la mesa una máquina de escribir, de esas que ya nadie usa, y empezó a teclear con gran ruido, para que sus hijos no pudieran oír. Estos se miraron sorprendidos, pidiéndole por favor con la vista que dejara la máquina. Pero el padre siguió escribiendo, y los hijos, comprendiendo el mensaje, dejaron el móvil y se pusieron a comer.
Por un momento se temió que el final fuera otro más violento, pero por suerte esta vez aprendieron la lección a la primera. Y creo que desde entonces quedó prohibido el uso del móvil en la mesa para que la familia pudiera hablar.
Francisco Tomás Ortuño
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