11 marzo 2017
Sigo contando… A mi hijo Miguel Tomás Pastor
Murcia, en mi galería. No solo hace tiempo primaveral sino que anuncian para mañana treinta y dos grados, que sería un récord de temperaturas marcianas en la Región.
De Santos, San Paciano, que no conozco a nadie que se llame así; lo de los santos debe ser por regiones: igual por León o por Huelva hay muchos Pacianos, como en Murcia Josés o Franciscos. A mí me gustaría saber cuántos hay en España que se llamen Amós; muy pocos quedarán cuando se fueron ya a la otra vida mi padre, mi hermano y unos primos que se llamaban así por los abuelos.
Y como el tiempo no para, y Dios no quiera que pare, ya llevamos setenta días del año en curso, y parece que fue ayer cuando cantábamos villancicos. Dentro de otros doscientos noventa y cinco habremos llegado de nuevo al final.
Y así distraídos con los fríos y calores, con los carnavales, las ferias y los partidos de fútbol, no nos damos cuenta de que vamos en un obús supersónico a más de mil por hora. ¿Viste la machada del Barcelona el otro día?
-Claro que la vi, Patricio. No sé cómo no hubo infartos, que yo oí un griterío que de haber gente en la Luna lo hubieran oído. Tenía que remontar un cuatro a cero que encajó en campo contrario de la Eurocopa.
Solo los más optimistas creían que tal proeza era posible en la historia del balompié. Y el milagro se dio: uno, cero; dos, cero; tres, cero; tres, uno; cuatro, uno; cinco, uno; y seis, uno. Para más emoción, faltando diez minutos de partido, iban tres a uno. Ya muchos fueron saliendo del campo. Y en esos diez minutos tuvo lugar el portento: tres goles como tres soles que levantaron a la parroquia de sus asientos, y, llorando y riendo, elevaron sus gritos al cielo. La misma emoción tuvieron peñas barcelonistas de todo el mundo: Brasil, Argentina, Japón… y no digamos en cualquier rincón de España.
Es que fueron momentos para guardar en la Historia del fútbol como un tesoro y recordarlos siempre.
Francisco Tomás Ortuño
Comentarios
Publicar un comentario