Murcia, 13 marzo 2017
Sigo contando… De ayer
Santana, la una del mediodía, en el comedor, hoy sin gato encima de la mesa. Viento y frío fuera. Sara estará en la cocina, cerca de la lumbre, donde mamá prepara la comida.
Ayer nos visitó Roque, hijo de la tía Ana q.e.p.d. Roque está casado con la hija de don Jerónimo Molina, por quien lleva nombre el Museo Arqueológico de Jumilla. Don Jerónimo era muy aficionado a la Historia y a la Arqueología. Se recorría montes del término buscando restos de poblados ibéricos.
Como le dijera un día que mis hijos encontraron cerca de mi casa pebeteros y restos de vasijas de cerámica, nos hizo una visita. En el Museo “Jerónimo Molina” se guardan hoy las caras que encontraron mis hijos de un santuario ibérico por Coimbra, con un cartel que dice: “Hallazgos de los niños Tomás Pastor de esta localidad”.
¿Qué a qué venía Roque? Trajo un cuadro del Cristo de la Columna que pintó mi mujer a su tía, y que ella dijo a sus hijos que cuando muriera se lo devolvieran. Y como lo prometido es deuda, ellos lo tenían presente.
Los motivos los desconozco, que igual podía haber sido otro cuadro que le regalara cuando estudiaba la carrera de Bellas Artes. Mi mujer era así con sus tías y tíos, que todos guardan bodegones y paisajes de su sobrina. Por eso digo que no sé por qué le devuelve este cuadro enmarcado con la cabeza del Cristo y no otros que adornan las paredes de su casa.
Mi señora, en las bodas de sus primas, les daba un cuadro pintado por ella. Era el regalo de boda que todos esperaban y querían. Y yo el primero por el ahorro económico que nos suponía. “Prima, dame un cuadro”, le pedían, y ella les hacía un cuadro.
¡Cuánto habremos ahorrado en bodas, bautizos y comuniones con el arte de mi mujer! Si yo te contara… Como hizo al mismo tiempo la carrera de “Restauración de obras de arte”, cuando nos casamos le llovían los encargos de frailes, ayuntamiento, iglesias y particulares como el Barón Don Cristóbal Espinosa de los Monteros, amigo nuestro.
Francisco Tomás Ortuño
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