Murcia, miércoles, 8 marzo 2017, San Jerónimo
Sigo contando...
Vaya trajín que se ha montado, Froilán. ¿Cómo van a entenderse los partidos que lo componen si hasta ayer se tiraban dardos? No puede ser. Y lo que no puede ser, no puede ser, por mucho interés que pongan en lo contrario. “Vamos a intentarlo otra vez por el bien de la ciudadanía”. Pero ven que no pueden. Y los grupos diversos y dispares que quieren gobernar juntos se convencen pronto de que no pueden seguir así.
-“Lo que uno diga, que lo respeten los demás”, propone alguien. “Hay que subir los impuestos”, dice un partido. Y a los demás no le parece justa la medida. “Hay que permitir el aborto”, dice otro partido. “Por ahí no pasamos”, contestan los de enfrente. “Que las iglesias sean viviendas de noche para los que duermen en la calle”. “¿Cómo se te ocurre?”.
Un día, más pronto que tarde, saltan rayos y centellas en la sala de sesiones. ¿Cómo pueden gobernar juntos perros y gatos? O perros o gatos, pero revueltos nunca.
A ciertos políticos parece no importarles lo que salga de esos batiburrillos; con tal de quitar de en medio a Rajoy, son capaces de cualquier cosa. Pero la razón debe imponerse si no se quiere que España salte por los aires hecha añicos.
En una democracia tienen que haber opiniones diversas, encontradas y hasta opuestas muchas veces. Para eso se vota. Y la mayoría de opiniones debe ser garantía de lo mejor. Ese debe ser el criterio más justo de la gobernabilidad de un país. Esas deben de ser las reglas del juego que tengan que aceptar los ciudadanos.
Francisco Tomás Ortuño
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