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Con obras de ayer.

21 marzo 2017, martes, San Cipriano

Sigo contando…   Con obras de ayer

Santana, la una menos cuarto, en el banco de la piscina. Quizás sea la primera vez en la historia de esta casa que escribo aquí. Estaría más cómodo en la jaula, que está detrás de mí, pero circunstancias obligan. El electricista trabaja por sus aledaños y nos interferiríamos el espacio como las ondas de radio en algunas emisoras. “Tú aquí y yo allí”, o viceversa; pero no uno encima del otro.
-Hombre, tampoco te pases, ni tanto ni tan calvo. ¿Y qué lleva entre manos el obrero?
-Sigue con la instalación de un farol que dé luz de noche a estos rincones. No me impide tanto escribir el ruido del taladro que usa como la radio que lleva a todas partes con noticias, música, comentarios…
No sé cómo puede trabajar escuchando la radio. O está en una cosa o en otra, pero en dos cosas a la vez… La cabeza debía exigirle elegir una y no llevar dos o tres en danza al mismo tiempo.
Ahora oigo noticias de fútbol, ahora: “Cope, estar informado”, ahora: “La una, las doce en Canarias”. ¿Cómo puede medir con el metro distancias en el suelo y estar oyendo lo que cuenta una señorita en la radio?
Yo prohibía llevar aparatos al trabajo que pudieran distraer la atención de lo que tenga que hacer. Como en la Escuela llevar un móvil. ¿Tú crees que el niño puede pensar en el problema de turno, escuchar al profesor o leer concentrado, si habla por teléfono constantemente con los amigos?
La cabeza tendrá sus límites y sobrepasarlos será peligroso. Pues hoy los jóvenes no saben algo tan elemental como que “dos cosas a la vez, o salen mál o perjudican la salud”.
En los aeropuertos revisan tu equipaje antes de montar en el avión. ¿Por qué no se hace lo mismo con los niños que entran a la Escuela? Fuera aquello que lo va a distraer de la enseñanza. Que además de un peligro para la integridad física del edificio o de la persona, se puede temer cualquier cosa. Yo Maestro lo haría. Hay locos sueltos que son capaces de cualquier cosa.
-Y en los exámenes escritos, ¿no pueden decirles desde China o Canadá la fórmula del ácido nítrico o sulfúrico? Y quien dice la fórmula de un producto químico dice la distancia a Neptuno o el teorema de Pitágoras. Con un móvil hoy ya no eres tú. Te están soplando en la oreja lo que nadie puede oír.
¿Qué examen de conocimientos puedes ganar en buena lid para un cargo importante en la sociedad? Los mejores puestos pueden ocuparlos no los más listos o capaces sino los más pillos y astutos. Y sabes a qué me refiero.
Antes existía la picaresca y se llevaban “chuletas” escondidas para sacar en un descuido del profesor, pero había más riesgo y te la jugabas a una carta. Pero hoy, con estos aparatos invisibles, no puedes saber si lo que dice es suyo o apuntado.
¿Tú has visto a los árbitros de fútbol? Pues las decisiones importantes se las transmite otro. “¡Gol!”, y señala el centro del campo. Y luego, incomprensiblemente, grita: “¡Nooo!”, “¡No ha sido gol!”. Y es que ese misterioso apuntador le ha dicho que el balón no ha entrado en la portería o que ha sido fuera de juego.
-¡Qué revolución, Eusebio, qué revolución!

Francisco Tomás Ortuño

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