18 marzo 2017, sábado, San Eladio
Sigo contando… De niños y vasijas
Murcia, las diez. Como entró la limpiadora ucraniana y yo tenía piscina, opté por dejar a las mujeres solas en casa. Tomé las de Villadiego y me fui al baño.
La frase “tomar las de Villadiego” tiene su historia: Como sabes, Villadiego es un pueblo de la provincia de Burgos. En la Edad Media, los judíos eran perseguidos por el dinero que ganaban con sus préstamos. Y de tal modo era así que el rey Fernando III el Santo y luego su hijo Alfonso X el Sabio, en 1255, otorgaron protección a los judíos de las constantes peresecuciones de que eran objeto: “Sepades que yo recibo en mi defendimiento a los judíos de Villadiego”.
Tomar las de Villadiego pasó a la historia como expresión de quien se ausenta precipitadamente para huir de un riesgo o compromiso y se refugia en este pueblo burgalés. Fernando III y su hijo Alfonso, prohibíeron apresar en esta localidad a los judíos, por lo que acudían a él en masa.
Decía que me fui de casa, y sigo ahora a las seis de la tarde. En medio estuvo el baño, la comida, “Saber y ganar”… y una cita telefónica con el dentista para aliviar el dolor de una muela. ¿Te dije que mi pobre madre, que está seguro en la gloria, fue a un dentista y le sacó la muela que no era? Cuando pasó el efecto de la anestesia, volvió con el dolor de antes y el añadido, y al segundo descabello acertó el espada.
-¡Qué dolor más insoportable! ¡No deja comer ni dormir! Cualquier dolor es malo, pero el de una muela se lleva la palma.
-Cada uno ve el suyo como el más grande, Teodoro. Pero el dolor no es enfermedad sino un amigo que avisa que algo en ti no funciona; es como la fiebre. Un milagro que con tantas piezas, el cuerpo no duela más veces.
-Así es, Adelardo, demos gracias por lo que tenemos y no pensemos tanto en lo que nos falta.
-Es casi un pensamiento socrático, Teodoro.
-¿Y qué tuvo más Sócrates que yo?
-¡Hombre, no hagas comparaciones!
-“De hombre a hombre, cero”, decía mi profesor de filosofía. Quería decir que unos llegan con más esfuerzo donde otros, pero llegan.
-Mira, en eso no estoy de acuerdo, que unos son de dar ocho y otros cinco o menos. Y al que no puede dar cinco no le pidas diez que no podrá darlos. Y si le exiges, lo destruyes. El niño es como una vasija de cristal: si la fuerzas para hacerla más grande, se rompe.
Francisco Tomás Ortuño
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