19 junio 2017, lunes, San Romualdo
Seguiré contando : Todo a su tiempo
Santana, las ocho y media, en la puerta de la cocina, en otra mesa redonda como la de Murcia, pero de piedra. Esta tiene de diámetro 80 centímetros. Más o menos como aquella. Su superficie, por tanto, es de 5.024 cms. cuadrados, o lo que es lo mismo que lo mismo tiene, cincuenta decímetros cuadrados o medio metro cuadrado. Su circunferencia es de dos metros y medio lineales. Luego si me acuerdo compararé estas medidas con las de Murcia. Se llevarán poco.
-¿Y qué tiene que ver lo que escribas con la forma de la mesa o sus dimensiones?
-Quizás que sí. Cuando se dice que se estudie en el mismo lugar será por algo. El estudiante se habitúa a un medio y es mejor que no se distraiga con objetos nuevos. Y con la escritura ocurre lo mismo. Cualquier sentido corporal –vista, oído, olfato, gusto o tacto- puede alterar el pensamiento. Por ello, cuantos menos cambios, mejor.
-Por la vista, aquí veo pinos, cipreses, sol, escaleras, orzas, un aljibe, barandas, gomas de riego, montes y un largo etcétera, que allí, con la otra mesa, no veo. Por el oído, aquí oigo pájaros, chicharras, tórtolas, el viento que pasa, el zumbido de moscardones… que allí no hay. Y así con el olfato y demás sentidos.
Lina ha llegado justo cuando mamá y yo nos íbamos al pueblo de compras. Me ha relevado. Han bajado ellas y yo he atendido al pintor, que llegaba también en ese instante. Mamá quiere que todo se haga pronto, cuando lo piensa; y a veces, los pensamientos necesitan de su tiempo.
Hay imponderables que impiden llevar el paso que alguien desea. En el quehacer humano hay un rodamiento natural, como en las máquinas, que necesita de un tiempo para caminar: primero esto y después aquello. “Dos cosas a la vez siempre salen al revés”. Terminar una faena y empezar otra diferente lleva su descanso. No se puede acabar y empezar sin solución de continuidad. Hay que dar tiempo al pensamiento para pensar.
Francisco Tomás Ortuño
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