26 junio 2017, lunes, San Pelayo
Seguiré contando : de un cumpleaños
Santana, sábado, las once, junto a la ventana de mi habitación, viendo la piscina pintada de azul para la temporada. Los grillos cantan por los árboles y los sembrados -¿se puede decir que cantan los grillos?-. El Sol va siendo sofocante.
He dicho ut supra que desde aquí veo la piscina y me he dejado en el camino la farola. ¿Será que es nueva y no reparo en ella todavía? Hoy aquí toca zafarrancho, como ayer en Murcia. Aquí tengo también mi refugio. Echo el pestillo y no entra ni Dios, como diría un castizo. Sé que es una blasfemia porque Dios está en todas partes, y que no falte. “En mi casa no, señor maestro, decía un niño en la Escuela, porque no tengo casa; vivimos de alquiler”.
Bromas aparte, mamá prepara la casa para mañana, que estará ocupada por la familia al completo. Y mamá quiere ofrecerla limpia como una patena y la piscina con agua para los hijos y nietos.
No sé con qué motivo dije no hace mucho -¿sería ayer?- que la psicología femenina era extraña. No sé si la defino con la palabra exacta. Distinta a la del hombre, no me cabe duda. Igual ella dice lo mismo de nosotros. Lo que para ellas es normal y natural para nosotros es raro e insólito. Lo mejor es cada cual obrar según naturaleza y no encontrar oposición a cuanto diga o haga.
Que en los matrimonios hay discusiones por no tener en cuenta esta perogrullada, no hay duda. Ella y él deben respetar su manera de ser y, consecuentemente, de obrar. Si te va a pisar, levanta el pie antes. Prueba y verás qué bien te va la medida. En Psicología se llama empatía, que es respetar al otro como es, aceptarlo con amor, quererlo así.
Y mañana a comer en el Pío XII. A ver de procurar que lo pasen bien, a pensar más en ellos que en uno. Ahí radica la empatía, a salir de uno por mirar a los demás.
-Que todo os salga bien.
Francisco Tomás Ortuño
Seguiré contando : de un cumpleaños
Santana, sábado, las once, junto a la ventana de mi habitación, viendo la piscina pintada de azul para la temporada. Los grillos cantan por los árboles y los sembrados -¿se puede decir que cantan los grillos?-. El Sol va siendo sofocante.
He dicho ut supra que desde aquí veo la piscina y me he dejado en el camino la farola. ¿Será que es nueva y no reparo en ella todavía? Hoy aquí toca zafarrancho, como ayer en Murcia. Aquí tengo también mi refugio. Echo el pestillo y no entra ni Dios, como diría un castizo. Sé que es una blasfemia porque Dios está en todas partes, y que no falte. “En mi casa no, señor maestro, decía un niño en la Escuela, porque no tengo casa; vivimos de alquiler”.
Bromas aparte, mamá prepara la casa para mañana, que estará ocupada por la familia al completo. Y mamá quiere ofrecerla limpia como una patena y la piscina con agua para los hijos y nietos.
No sé con qué motivo dije no hace mucho -¿sería ayer?- que la psicología femenina era extraña. No sé si la defino con la palabra exacta. Distinta a la del hombre, no me cabe duda. Igual ella dice lo mismo de nosotros. Lo que para ellas es normal y natural para nosotros es raro e insólito. Lo mejor es cada cual obrar según naturaleza y no encontrar oposición a cuanto diga o haga.
Que en los matrimonios hay discusiones por no tener en cuenta esta perogrullada, no hay duda. Ella y él deben respetar su manera de ser y, consecuentemente, de obrar. Si te va a pisar, levanta el pie antes. Prueba y verás qué bien te va la medida. En Psicología se llama empatía, que es respetar al otro como es, aceptarlo con amor, quererlo así.
Y mañana a comer en el Pío XII. A ver de procurar que lo pasen bien, a pensar más en ellos que en uno. Ahí radica la empatía, a salir de uno por mirar a los demás.
-Que todo os salga bien.
Francisco Tomás Ortuño
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