14 junio 2017, miércoles, San Metodio, 165 por 200
Seguiré contando : de coches y juras
Murcia, Martes –ayer-, las doce y media, en mi escritorio redondo. ¿Adivinas? Exacto, junto al piano. Vengo de la calle con el coche.
El coche hoy en la casa es un miembro más de la familia. Vayas donde vayas, con el coche. Temprano a la piscina, con el coche; luego al ambulatorio, con el coche. ¿Sabríamos estar sin él? Se nos ha colado como los móviles a los jóvenes.
A los demás les ocurre lo mismo. Mis hijos, por no salir de la familia, tienen: uno hija, hijo y coche; otro, cuatro hijos, una hija y coche; el siguiente: cuatro hijas y coche; el que sigue en edad: hija, hijo y coche; y la última, sin hijos pero el coche que no falte.
Así que sales a la calle y no puedes andar. Los ciclistas son atropellados y los peatones no pueden cruzar la calle. Los coches se han apoderado de la ciudad. ¿Cuándo inventarán en pueblos y ciudades calles paralelas solo para los coches?
-¿Otra ocurrencia, Avelino?
-¿Tan difícil sería hacer caminos aéreos por donde los coches circularan? Hoy todo es posible, Baldomero: desde puentes en tajos profundos a túneles que horadan las montañas. Pues una red de autovías por el aire para los coches, y los peatones andando por las calles como antes de inventarse el coche.
Yo espero que antes pronto que tarde, los ingenieros lo pensarán. Brindo la idea a mi hijo Ángel Inocencio, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos: buenos hierros y hormigón que mantengan la estructura a sostener y coches a volar por encima de nuestras cabezas.
Pero, ¿no hay garajes que sostienen ya los edificios? ¿Qué puede pensarse hoy que no se pueda hacer? Estoy hablando de algo tan simple como encender la tele con el mando. A los técnicos dejaría buscar espacios donde aparcar y el modo de subir a los garajes; creo que la parte más sencilla del invento.
“Vamos de viaje”. Se sube a la cochera, se saca el vehículo, se va por encima de las casas hasta salir de la ciudad y a seguir el viaje como ahora. No sería tan complicado.
-Qué verdad es, Eduardo, que lo que en el papel se escribe, en el papel siempre vive.
-¿Y a cuento de qué dices eso, Benito?
-Encuentro unos folios escritos hace ya tiempo, más de veinte años, que me traen a la memoria un viaje que tenía olvidado.
-¿A qué viaje te refieres?
-Ni más ni menos que al viaje que hicimos el día nueve de septiembre del año 1994, con motivo de una Jura de Bandera. Como lo escribí, hoy sé quién fue y lo que hicimos ese día. Fuimos Lina, Toñi, Pascual y el cronista. Salimos a las cuatro y media de la madrugada.
El motivo del viaje fue asistir a la Jura de Bandera de Francisco Amós, en el Cuartel del Goloso, más arriba de Madrid. Cumplida felizmente la misión, regresamos a casa esa misma tarde. Pascual nos dijo que habíamos hecho 980 kilómetros desde que salimos por la mañana. “Por más que había Feria, ninguno de los viajeros, doy fe como Notario, estuvo en ella esa noche, ni oyó los ruidos de los cohetes. El sueño nos venció a todos”.
Francisco Tomás Ortuño
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