29 junio 2017, jueves, San Pedro y San Pablo
Seguiré contando :
De los seres creados por Dios, solo el hombre fue hecho a imagen y semejanza suya. Ni la luz, ni el firmamento, ni los mares, ni las plantas, ni los demás seres. Solo cuando llegó a su fin, dijo: “Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”. ¿Quiso decir que el hombre iba a superar en belleza a los demás seres creados? ¿Que estaría por encima de todos en poder? ¿Qué tendría una inteligencia superior? ¿Acaso que pòdría crear como Él? Me inclino por esto último. Una vez que hubo de todo -tierra, mar, aire, plantas y animales-, faltando el hombre, pensó un instante y exclamó: “Y por fin el hombre sobre todos los seres creados, el más perfecto, el que sea semejante a mí”. Y se volcó en él, y derramó sus gracias en él; le dio como el remate: “¡Hala, toma el resto, no te quejarás!”. Y formando un hombre de barro, le infundió un alma.
La inteligencia recibida le hizo al hombre pensar y crear cosas que no existían antes. ¿Qué fue, si no, cubrirse el cuerpo con pieles para librarse del frío?; ¿o buscar refugio contra los vientos en cavernas?; ¿o utilizar el fuego para cocer los alimentos?; ¿o crear un lenguaje para comunicarse? Cuando advirtió el hombre que una de las facultades recibidas era la de crear, la de inventar, la de sacar cosas de la nada, comenzó la novela con personajes que obraban con voluntad propia. ¿Existió antes don Quijote? Y una vez que Cervantes lo sacó de la nada, como Dios hiciera con Adán, echó a andar, a hablar y a buscar aventuras. ¿Quién no conoce las andanzas del ilustre manchego? ¿Y los incontables personajes que surgieron de otras mentes como la de don Miguel? ¿No están llenos los estantes de millones de bibliotecas de personajes creados por el hombre? ¿No se cuentan por miles y millones sus peripecias?
Ningún otro ser ha inventado historias como el hombre. Sus creaciones se asemejan a las de Dios. Sin duda que este pensaba en el poder de crear cuando dijo: “A semejanza nuestra”. Yo me siento como Dios cuando cuando en mi mente salta la luz de un nuevo ser y lo alumbro para que viva. ¿No te ocurre a ti lo mismo?
Francisco Tomás Ortuño
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