8 junio 2017, jueves, San Maximino
Sigo contando : de parangones
Murcia, las doce, en mi escritorio.
-Oigo ruidos por la calle, Gregorio.
-Es la sociedad, Ponciano, que, por la hora, se encuentra trabajando.
-Te hablé el otro día del paralelismo que encuentro entre un día –rotación de la Tierra- y la vida humana. Cuatro horas del primero –las doce, si comienza a las ocho- se corresponden con veinte años nuestros; y cualquier persona normal, a los veinte años, debe trabajar en algo. He pensado también que tal correspondencia se manifiesta de forma evidente en nuestro físico.
-¿En nuestro físico?
-Yo lo veo así, Gregorio: Los quince primeros años de vida corresponden a nuestras piernas hasta las rodillas, centímetro más, centímetro menos, que siempre hay adelantados y retrasados, como excepciones de una regla. De quince a treinta años, se corresponde con la parte del cuerpo que hay entre las rodillas y el vientre.
-Por eso la edad fértil de la pareja se encuentra en esa edad.
-Sin duda, Gregorio: Hasta los quince años, todo son juegos, pelotas, carreras; etapa de poca reflexión y menos responsabilidad. De quince a treinta, en cambio, predomina el sexo sobre los demás intereses; la vida se polariza en el amor procreativo. De treinta a cuarenta y cinco años, el principal interés de la persona sube al estómago: una buena mesa; una discusión abierta y sosegada con amigos en el bar, el fútbol…. O sea, que primero son los pies, luego el sexo y después hasta el esternón, fisiológicamente hablando. No lo imponemos nosotros, es la naturaleza que lo ordena así, como el amanecer de los días y el anochecer de las tardes.
-¿Y después?
-Cada quince años se va marcando una etapa. De quince en quince años nos vamos transformando. Siendo los mismos, cambiamos en seres radicalmente distintos. Jugar a las canicas a los cincuenta, pega poco; buscar novia a los sesenta, tampoco, si no hay intereses espúreos, no naturales, que los demandan –compañía, cuido, etc.-.
-¿Aún hay más, Ponciano?
-De cuarenta y cinco a sesenta años, subiendo en el cuerpo, se corresponde con el pecho o caja torácica. Traducido a román paladino significa que a esa edad el signo del amor ha cambiado; es otra clase de amor al de los veinte; ahora es amor a los nietos, a la familia, amor decantado, de entrega sin condiciones, amor de recuerdos y evocaciones sin fin. “¿Qué edad tienes?”. Hasta quince años: Infancia, juego, irreflexión. De 15 a 30: Amor incontrolado, deseos locos, instintos febriles. De 30 a 45: Buen comer y beber. De 45 a 60: Tranquilidad, sosiego, amor senil.
-¿Y el resto?
-Se corresponde con la cabeza: filosofía, amor divino, pureza de intenciones. La vida nos viene hecha desde el nacimiento y se refleja en el cuerpo humano.
Francisco Tomás Ortuño
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