10 febrero 2017
Sigo contando… : La pianola
…
Empieza a tocar una pianola debajo de mi ventana. Es para todo el barrio. Toca un par de piezas, recoge lo que le echan por las ventanas y se va con la música a otra parte, nunca mejor dicho. Elige otro punto próximo y vuelve con la música.
Recuerdo que antes cantaba una mujer. ¿Sería otro grupo musical? En el de hoy iban dos personas: una manejaba la pianola y otra, más joven, recogía la cosecha.
-Diferentes maneras de vivir, Venancio. Yo no veo mal que se ganen su comida y la de su familia repartiendo música. ¿No van otros por Sevilla con galeras paseando a los que quieren ver la ciudad? Para unos, la gramola; para otros, la tartana. Yo no veo mal que estas personas se ganen la vida así. Peor es robar o pedir sentados en una esquina. Estoy convencido de que la gente ayuda mejor al que ofrece algo a cambio. “Yo no pido, yo vendo un servicio por unas monedas”, dirán ellos.
-Vi a uno en un tren que repartía cartas entre los pasajeros por cincuenta centavos. Cuando repartía las cuarentas cartas de la baraja, había obtenido veinte euros. Entonces hacía un sorteo. Uno cualquiera le cortaba y la carta que salía era la premiada. “Sota de bastos”, decía. Y el premio era de diez euros para quien llevaba esa carta.
Formas de ganarse las habichuelas. Pero pedir sin dar a cambio tiene poco porvenir.
Francisco Tomás Ortuño
Comentarios
Publicar un comentario