23 febrero 2017, jueves, San Policarpo
Sigo contando…
Las relaciones entre las personas son difíciles. Cada cual busca su bienestar. La mejor forma de convivir con los demás es transigiendo, tolerando, permitiendo, sufriendo y hasta queriendo lo que suceda a tu alrededor. No sopòrtar al vecino es martirizarse uno inútilmente, porque, quieras o no quieras, vecinos siempre vas a tener. Escucha la historia de unos frailes que rezaban en su Convento cuando oyeron ruido fuera:
-¿Qué ocurre? –se asomaron a la ventana- ¿qué voces son estas? Hay gente que canta y baila en la puerta con música fuerte en decibelios. ¿Qué podemos hacer? Se reúnen a deliberar. Los maitines han cesado momentáneamente.
La Comunidad, compuesta por cuatro frailes, espera la respuesta de Dios para obrar en consecuencia. Siempre lo hacen así; nunca se precipitan, que para ellos sería actuar por su cuenta, sin atender la voz de su Maestro, de su guía y pastor. Esperan la respuesta para pronunciarse. Rezan en silencio. Fuera el tumulto arrecia, la música sube y los gritos se multiplican.
-Padre, ¿qué hacemos?
Fray Bueno es el primero en hablar:
-Ya he recibido el mensaje.
-¿Qué dice el mensaje –pregunta fray Pepino-; yo no consigo captar nada.
-Debemos seguir rezando –dice fray Bueno-. Lo nuestro es rezar y lo de ellos cantar, ¿qué nos va a nosotros la música? Y todos le siguen a la Capilla para seguir con los maitines interrumpidos.
Esta historia de los frailes debería aplicarse en muchas situaciones de la vida. Yo, por mi parte, la tendré en cuenta con las obras de mi vecino del cuarto.
Francisco Tomás Ortuño
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