Murcia, 20 febrero 2016, San Euquerio.
Sigo contando… De un Atlas
Un Atlas es un libro apasionante. A mí me divierte viajar por países lejanos y saber cómo viven y piensan sus gentes. El Atlas me proporciona este capricho sin esfuerzo. Si quiero salir de Europa, me ofrece todo el mundo para elegir: la misteriosa Asia, la colosal África, la incomparable América -incluida la del nuevo y desconcertante Presidente Trump-, Oceanía y sus caprichosas islas, la gélida Antártida -¿por cuánto tiempo?-. Difícil elección. ¿Quién no sueña con Indonesia o Nepal, con Zaire o Mozambique, con China o Canadá, con las islas Salomón, Fidji o Kiribati? ¿Quién no viajaría a la Antártida por los mares del sur?
Me detengo en Malawi, país africano. Su extensión es menor que la de media España; tiene ocho millones de habitantes, que hablan inglés y son animistas; la capital es Lilongwe; tiene fronteras con Tanzania, con Mozambique y con Zambia; su clima es tropical; su principal medio de vida, la agricultura. ¡Cómo me gustaría ahora visitar Malawi y hablar con los bantúes, sus habitantes! Quizás me relataran otros tiempos en que eran llevados a Pernambuco, en Brasil, en calidad de mano de obra barata. ¿No es maravilloso poder ver, aunque solo sea con la imaginación, a estas personas que ocupan una parte del Planeta, como nosotros?
Francisco Tomás Ortuño
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