14 febrero 2017 : El tiempo
Sigo contando… A mis queridísimas hija y mujer
Lina y mamá salieron juntas de compras. ¿A tiendas de ropa? ¿A zapaterías? ¿Al Mercado de Verónicas? Ellas sabrán. Luego vienen cargadas de paquetes, que distribuyen por habitaciones. “Esto aquí, eso allí”. ¡Qué bien lo pasan cuando van de compras las dos! “Yo me compro estos zapatos”. “Pues yo este bolso”. “Este jersey le quedará bien a papá”. Nada se les pone por delante.
-¿No hablas del tiempo hoy, Tiburcio?
-No pensaba hacerlo, Palmaquino, pero si insistes, diré que hace frío en la calle, que está raso en Murcia y que pronostican lluvias para el fin de semana.
-Es que, ya sabes, “en febrero, se hiela el agua en el puchero”.
-Los días van creciendo, pero despacio, poco a poco. Y así, “por febrero, ratos malos y ratos buenos”. Ya sabes que los refranes son fruto de la experiencia.
-Los que más saben del tiempo, Tiburcio, son los del campo, que se pasan la vida mirando el cielo, y saben si las nubes que aparecen por el horizonte traen aguas buenas o son de piedra. ¿Por qué crees que inventaron los invernaderos? Porque durante muchos años, el agua, el granizo, el hielo o la nieve se llevaban lo que iban a coger; hasta que en una reunión se dijeron: “¡Se acabó!, cubramos con plásticos los tomates y las peras, regulemos su temperatura y la humedad con el gota a gota, y los elementos no podrán con nosotros”. Y así, fuera de ocasiones que llegan vientos huracanados que no los detiene ni un tren, o lluvias descontroladas con piedras como huevos de gallina, el hombre puede salvar lo que guarda con tanto cuidado.
-Mira, hijo, ¿ves aquellas nubes por encima del castillo?
-Sí, padre.
-Pues siempre que las veas en sábado, al día siguiente es domingo.
El niño pensó: “¡Cuánto sabe mi padre!”.
Francisco Tomás Ortuño
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