6 febrero 2017
Sigo contando : Boniatos
Murcia, las nueve, en mi camarín. Como a las seis merendamos, ayer Lina y mamá se tomaron un yogurt; yo preferí un boniato asado en el horno. Me encantan los boniatos. Son tubérculos comestibles, como las patatas.
Por la mañana estuve en el Mercado de Verónicas. Aquí carne, allí pescado, al lado fruta y más allá boniatos. Y los compré. Es una delicia pasear por delante de los puestos. La gente se detiene y pide; el vendedor pesa y cobra la mercancía.
¿A qué hora surtirán los puestos de sus artículos? El pescado vendrá del mar; la carne del matadero, la fruta de la huerta. Y así todo. ¿A qué hora pescarán el pescado que venden a las nueve de la mañana? ¿A qué hora matarán las reses que venden temprano los carniceros? ¿A qué hora cogerán la fruta?
Detrás de la compraventa hay un mundo de trabajos previos donde los agricultores, matarifes y pescadores han tenido que bregar para que esté servido en los puestos. Los que llevan la fruta habrán tenido que cogerla de los árboles. Con el pan lo mismo. Y con la leche, los huevos y los boniatos que yo me como.
-¿Y los precios? ¿A cómo vende el hortelano las alcachofas que ha tenido que cultivar un año en invernaderos? ¿A cómo el pescado que han podido sacar del mar por la noche con redes y barcos? ¿A cómo el pan o la carne? Cualquiera pensará que es baladí la cuestión, pero a mí me parece importante.
El mundo que nos encontramos hecho viene rodando muchos años y con el tiempo modificando lo que no funciona bien en el camino. Si dijéramos de cambiar su estructura partiendo de cero, como harían los primeros hombres que se vieran en el planeta, no sabríamos por dónde empezar. Necesitaríamos otros miles de años para conseguir lo que hemos logrado nosotros.
Los jóvenes se creen que el mundo ha nacido con ellos y no tienen que agradecer nada a sus ancestros. Qué equivocados. Si viven como viven es gracias a cuantos vivieron antes desde Adán y Eva, si es que Adán y Eva fueron nuestros primeros padres. Nada existe que no haya tenido su origen miles de años antes.
Francisco Tomás Ortuño
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