25 febrero 2017, sábado.
Sigo contando… De unas cartas de Unamuno
Por este epistolario se sabe cómo piensa don Miguel: “Levanta la vista, mira al porvenir, prepárate a la vida sin dejar de pensar que tu hijo perdido te espera; pide fuerzas a Dios, y no te desanimes…”, escribe a su amigo Mario Sagarduy el 29 de mayo de 1887, desde Salamanca, tras la muerte de un hijo.
Está muy preocupado cuando yo nací, en el año 1933, con la Segunda República, que acabó con el reinado de Alfonso XIII dos años antes: “Mi estado de ánimo me impide salir de España; y menos mal que no me impide salir de Salamanca, desde donde, envuelto en un torbellino de preocupaciones, cuidados y temores, te escribo”, dice a José Castillejo el 25 de junio de 1933.
O cómo le iba con el Gobierno de Franco: “Tengo aquí dos o tres libros de la Biblioteca de la Facultad de Letras. Diga a su Decano que mande a un bedel que los recoja. Si no voy yo mismo a llevarlos, como otras veces, es porque he decidido no salir ya de casa desde que me he percatado que un policía me sigue a todas partes. ¿Será para que no me escape? –no sé a dónde- y así se me retenga en este disfrazado encarcelamiento como rehén, no sé de qué, ni por qué, ni para qué”.
En una de las últimas cartas que se publican, de fecha 13 de diciembre de 1936, es decir, ya comenzado el Alzamiento Nacional, escribe Unamuno a su amigo y paisano Quintín de la Torre: “En cuanto a que los rojos hayan sacado los ojos y cortado las manos a unos pobres chicos que cogieron, no me lo creo; viniendo en carta abierta, lo atribuyo a la propaganda de exageraciones y hasta mentiras que están acumulando”.
“En Salamanca no hay refriegas ni se hacen prisioneros, pero sí la más bestial persecución y asesinatos sin justificación”. “En cuanto al Caudillo -supongo que se refiere al pobre general Franco-no acaudilla nada. La represión de retaguardia corre a cargo de un monstruo, perverso y rencoroso, que es el general Mola, el que sin necesidad alguna hizo bombardear nuestro pueblo”.
“También fusilan sin juicio alguno, y esto es cosa cierta porque yo lo he visto y no me lo han contado. Han asesinado sin formación de causa a dos Catedráticos de Universidad, uno de ellos discípulo mío… A mí no me han asesinado todavía…”. ¡Pobre España!
Continuará
Francisco Tomás Ortuño
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