24 julio 2017 Verano 17 Santana, las nueve y media, en el comedor. Vengo de dar un paseo matinal. Quería pagar a Javi la factura de su trabajo en la piscina, pero no está. De paso he visto la suya, que estaba llena de agua y es un calco de la nuestra, o al revés. Luego le diremos que siga barnizando los palos de las terrazas, y, quizás, las puertas de la casa; así le damos trabajo y la casa lo agradecde. Una pintura rejuvenece la obra, que expuesta a estos soles, envejecen antes. Me acuerdo de los años setenta del siglo pasado. El abuelo de Javi, pintor, se paseaba con un cesto al brazo recogiendo la cosecha de sus almendros. Luego los quitaron. Antonio, padre de Javi, pintor también, nos vendió el terreno de este chalet, que construyó Manuel, siguiendo los proyectos de un arquitecto valenciano. Luego vinieron la piscina, la luz eléctrica, el teléfono, los pinos y las oliveras. Cada año se añadía algo. ...