11 mayo 2017, Jueves, San Jeremías, 131 - 234
Seguiré contando : Y fin
Murcia, martes, la una y media. ¡Qué bien se está en la casa de uno! Desde ayer estamos aquí. No es que estuviera mal en la Vega, no, que mejor imposible. “Nunca fuera caballero de damas tan bien servido”, como dijo don Quijote. Todos pendientes del enfermo por si necesita algo. Alabanzas mil a la entidad sanitaria, desde que entras hasta que sales de ella. Pero tu casa es tu casa: tiene algo especial que la hace distinta.
Hoy me levanté temprano y me fui a la piscina. A las ocho me estaba bañando. Tras una breve estancia en la Vega, te sacudes el polvo del camino y vuelves a ser tú de nuevo.
-¿No dices que estabas bien allí?
-Sí, muy bien, pero es una situación coyuntural, de paso, como un paréntesis en tu vida, que dejas atrás para seguir haciendo lo que hacías antes. Tú puedes ir de viaje a una ciudad y en el camino detenerte a comer en un restaurante. Puedes contar grandezas de la comida y de las atenciones recibidas en el local, pero luego sigues el viaje. Tu parada fue casual, fortuita; el viaje era esencial y básico.
En la vida, lo mismo. Muy bien pero sigues y dejas tu estancia temporal como una bolsa de recuerdos o souvenir. No puedes quedarte ya, por bien que comas y que te traten, en el restaurante. Tienes que seguir hacia la meta que llevaras. Es como un estudiante que quiere ser ingeniero, médico o abogado. En el camino encontrará luces que lo distraigan y cantos de sirena, pero él no debe perder de vista a dónde quiere llegar.
En la vida no debemos perder de vista nuestro destino. Cuando algo lo cambie, rectificar pronto. Hay situaciones accidentales y esenciales. Lo mío de la Vega fue una parada accidental, de la que hay que olvidarse y seguir.
-¿Y cuál es tu meta a lograr ya jubilado?
-El Juez que gobierna la vida va ofreciendo lo que corresponde en cada momento. A nosotros toca estar alerta y el oído atento para saber lo que dice.
Francisco Tomás Ortuño
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