26 mayo 2017, Sábado, 146 por 219, San Felipe Neri
Seguiré contando : de los truenos
Murcia, viernes, las siete menos cuarto, en mi pequeño camarín que da a Federico Balart. Suenan cohetes cerca. ¿Por qué no prohibirán los cohetes, Siricio? Me hacen tan poca gracia… Suben, suben, y explotan por aquí, como si me buscaran. Son como las carretillas de San Antón: si te descuidas, te estallan en los pies. Yo las prohibía también. Y puestos a prohibir, prohibía los truenos y petardos que se tiran por San José en Valencia y en Alicante por San Juan. Son peligrosos.
-¿Y qué iban a hacer los que fabrican los truenos, las carretillas y los cohetes?
-Que vivieran de otra cosa, Amaro; que se olvidaran de la pólvora y los polvorines. Desde que los chinos la inventaron, se armó la marimorena: de peleas con espadas y caballos se pasó a los tiros con escopetas, y ya no se paró. Hoy, los que fabrican la pólvora para matar, no quieren más que guerras.
-Son ellos los que las provocan, Siricio: “¡Ánimo, no dejes que te hable así, bájale los humos con un tiro entre ceja y ceja!”.
-La verdad es que por el bien y la seguridad de los que viven pacíficamente, debía de prohibirse cuanto atentara a su seguridad y bienestar. Si la droga es mala, reconocida así hasta por los drogadictos que han caído en la trampa de su consumo, como ratones en los cepos que les ponen para que caigan, ¿cómo se permite su consumo? Persecución a muerte a la producción y venta de la droga. -Un Gobierno, por el bien de los ciudadanos, no debería permitir la venta de venenos para su consumición. Pues es lo mismo: la droga es otro veneno letal; o mejor, la trampa que ponen algunos para enriquecerse, donde caen los infelices que la prueban –a un panal de rica miel…-
-Una relación de productos que perjudican y la prohibición absoluta de que se vendan impunemente en el mercado. En esta lista que estuviera la pólvora aunque le pesara a los que vivan de ella.
-Yo vería mejor, Amaro, que las reuniones de diputados y senadores se ocuparan más de cuestiones que buscaran el bien de la ciudadanía que no tanto hablar de Pedro o Pablo, de Susana o Rajoy.
Francisco Tomás Ortuño
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