8 mayo 2017
Seguiré contando : De la Vega
Murcia, en la Vega, las once menos cuarto. Aquí seguimos, diremos que discretamente bien. Bien atendido sobre todo. Miguel se fue a trabajar, mamá y Lina vinieron y la procesión de enfermeras no cesa. Que si vengo a ver la temperatura, que si voy a ver cómo va su azúcar, veamos la tensión, etc., etc.
Uno de estos servicios fue hacerme una Resonancia. Es lo más desagradable que te pueden hacer. Lo comparé a una tortura china, sin saber en qué consiste la tortura china si es que existe. También lo comparé a las cámaras de gas que utilizaban los nazis con los judíos en Auschwitz. Se lo dije al que me introdujo en la máquina de la tortura, durante diez minutos, con ruidos de muerte. Me confesó que hay enfermos –claustrofóbicos- que no soportan el suplicio. “¡No me extraña!”, le contesté.
Hoy ha venido a verme una médica encantadora. ¡Qué alivio proporcionan los médicos! Me pide hacer las mismas pruebas infantiles: “Tóquese la nariz”, “suba la pierna”, “ande que lo vea andar”… y al final, con una sonrisa amable, exclama; “Cuando coma le daremos el alta y podrá irse a casa”. Recordé otro momento singular de mi vida de soldado cuando escuchamos al Sargento decir: “Se pueden ir, que están licenciados”. Y aquí esperamos otro paso. Mamá lee sentada en el sofá cama. Digo sofá cama porque sacando el asiento hace de cama por la noche.
Lo había pensado y quizás te lo dijera, pero aquí lo veo diáfano, evidente: la vida es una carrera de obstáculos; unos se saltan bien y otros con dificultad; unos son fáciles y otros difíciles; hasta que en uno, el último, te quedas enganchado y no puedes seguir.
Oigo carros por el pasillo. “¿Cómo va esta mañana?”, preguntan a mi vecina de enfrente. “Vamos a ponerla limpia”, le dicen. Van cambiando la ropa de la habitación. Luego vendrán aquí. Reina el silencio de nuevo. Si te fijas, el tiempo es otra carrera de obstáculos: ahora silencio, ahora ruidos. Como ayer cuando vinieron Pascual, Toñi, Gabriel, Isabel, Pablo, Jaime y Francisco a ver al abuelo: unos minutos de revuelo para volver al sosiego.
En la tele dicen que ha ganado Macron a Le Pen en Francia. Con su pan se lo coman. Unos estarán contentos y otros descontentos, unos felices y otros tristes. Es la vida de cada día.
Francisco Tomás Ortuño
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