29 abril 2017, sábado, Santa Catalina de Siena.
Seguiré contando : De un almanaque
Murcia, las nueve, lluvioso el tiempo. Una lluvia de pocos grados, pero lluvia al fin. “¿Me llevo el paraguas?”, “lo dejo?”, se pregunta uno si va a la calle. “Ni sí ni no, o las dos cosas”. Yo creo, Valentín, que lo mejor sería un “Calendario del tiempo”, que dijera con antelación lo que iba a hacer cada día y en cada sitio. Así cada cual sabría a qué atenerse: “El martes que viene no salgo, que va a llover; lo dejamos para el viernes”.
-¡Qué cosas se te ocurren, Adalberto! ¿Quién puede saber lo que va a dar el tiempo en cada lugar a lo largo del año?
-Los Santos del cielo que se encargaran de preguntar: ¿El uno de enero? ¿El dos de enero? ¿El cinco de mayo? ¿El quince de septiembre?... y nos dejaran el almanaque del año siguiente. ¿No sabemos cuándo son las fiestas de Semana Santa, cuándo es la Feria de Sevilla o el día de los zaragüelles en Murcia? Que supiéramos si iba a nevar y en qué medida; si iba a hacer viento; si había peligro de heladas y que tomaran medidas los dueños para salvarlos, o si iba a descargar una nube granizo donde la uva estaba de coger, Valentín. Piensa en los beneficios que aportaría un almanaque semejante. Lo último es que baje diez grados el termómetro cuando menos lo esperas y cojas un catarro de muerte.
-No sé si estás de humor esta mañana o hablas en serio. Lo que dices sería la solución a muchos problemas humanos; pero con tantos años sin resolver, será que es imposible la medida. ¿Sabes lo que es una utopía? Algo bueno pero imposible de alcanzar. Pues lo que dices es otra utopía: “Proyecto optimista que aparece como irrealizable en el momento de su realización”, dice el Diccionario de la Lengua Española.
-Sí, claro, debe ser una utopía; o, ¿quién sabe?, lo mejor que pueda ser. ¿Qué iban a hacer los hombres y mujeres del tiempo si no tuvieran que darlo a sus asiduos parroquianos?
Francisco Tomás Ortuño
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