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De horarios.

Murcia, Miércoles, 24 mayo 2017, San Donaciano

            Mamá sigue con sus Clases de pintura. Ha encontrado la fórmula perfecta de pasarlo bien en su jubilación. ¡Qué maravilla, tener un pasatiempo semejante! Al mejor amigo se lo deseo.
Se lo dije a Sarabia cuando iba a jubilarse: “Un horario lleno de la mañana a la noche: paseo, lectura, tertulia…” Lo peor es no tener nada que hacer y caer en depresiones con pensamientos negativos, como “ya no sirvo para nada”, “nadie me necesita” o “¿qué pinto ya en este mundo?”.
Y más en nuestro tiempo, cuando todo ha cambiado tanto, cuando es tan fácil sentirse forastero en la propia casa. Hay que distraerse con aficiones enterradas, con gustos de la niñez, con afectos solapados que se fueron dejando para luego.
Pobre del que no tiene donde echar mano. Mi hermano encontró en la pintura su pasatiempo preferido. Yo me alegré cuando supe que se levantaba temprano a seguir el cuadro que llevaba a medio. Luego la emprendió con el ordenador y su afición a la lectura lo llevó a crear una Sección titulada “Fragmentos Literarios”, que mandaba a los amigos.
El ordenador ha salvado a muchos del hastío. Cuántos mayores pasan horas recibiendo Correos y contestándolos como en una tertulia. Es otra de las virtudes  del correo electrónico.
Para mí, escribir Soflamas es otra forma de estar entretenido. Recibo reportajes maravillosos de amigos y yo, por mi parte, mando mis escritos. Si sé de alguien que dice: “Me falta tiempo para tanto que tengo que hacer”, puedo asegurar que esa persona es feliz. Hay que llenar el tiempo. Quitar fisuras.
Ayer estuve con don Miguel, el médico. Tiene mi edad y se ha quedado viudo, factores que podían hundirlo en la mayor de las depresiones. En cambio, mantenerse en activo lo salva. Habla con la gente y se siente necesario. Justo lo que necesita, que la mayor desgracia en los ancianos es no hacer nada.

Francisco Tomás Ortuño 

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