8 mayo 2017 Seguiré contando : de mayeos y marceos
Murcia, sábado, las once. A punto de partir para Santana: queremos comer allí.
-Pocas veces empiezo allí y acaba aquí o al revés. Hoy es uno de esos días. Ahora son las cuatro y media y escribo en la puerta de la cocina. Ha sido un viaje relámpago, de esos que no se piensan. “¿Vamos a Santana?”. Y si hay consenso, comemos allí.
-De todas formas, el día sigue teniendo veinticuatro horas, y, como todos, mañana y tarde.
-¿Y Santo?
-También. El Santo es Santo Domingo Savio. Con “uve” el apellido. Se ve que era tan modesto que no quería presumir de sabio como otros y se firmó con uve el apellido.
-Dijo Concepción Arenal, defensora de los presos, que “el mejor homenaje que se puede hacer a las personas buenas es imitarlas”. Y con el Santo de hoy, el mejor homenaje que podemos tributarle es ser humildes como él.
-Dice un refrán, Leodegario, que si marzo mayea, mayo marcea. Yo no recuerdo qué tal fue marzo, pero lo que aseguro es que hoy hace un día fenomenal, de salir de casa y andar por el monte.
-¿Qué quieres que haga en mayo, Junípero?
-Entonces, ¿para qué el refrán? Si mayo fuera siempre así, ¿para qué inventar refranes? Además, ¿qué quiere decir exactamente “cuando marzo mayea, mayo marcea”
-Entiendo que significa que si en marzo hace buen tiempo, en mayo lo hace malo. ¿O tú qué entiendes? En nuestro caso será que si marzo fue de pronóstico reservado por travieso y mal comportamiento da estos frutos que recogemos hoy. Y hasta diríamos que el mes no es uniforme y pocas veces empieza, transcurre y termina de igual forma. Mira, Leodegario, en este refrán no estoy muy conforme, que lo mejor es tomar lo que viene y prevenir lo que podamos por si cambia a peor inopinadamente. Yo es que del tiempo no me fío, que hay veces que en pocas horas o minutos hace cambios tremebundos.
-Eso es verdad, Junípero, que fuimos una vez a Galicia y dijimos a los niños: “Coged paraguas y chubasqueros por si llueve, que por el norte nunca se sabe lo que va a hacer a los cinco minutos de ya”. Ni yo me lo creía: Más sol que en Murcia. Pero fue cambiar el cielo cuando fuimos a ver el Faro famoso que guardan y de pronto truenos y relámpagos. Ni llegar al coche que estaba a cien metros, pudimos. Nos la jugaron bien los de arriba.
Francisco Tomás Ortuño
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