15 mayo 2017, lunes, San Isidro
Seguiré contando : de parábolas
¡Qué cierto, Andrés, que el hombre propone y Dios dispone! Cuando íbamos a celebrar los ochenta “tacos” de mamá comiendo la familia en la Casa Vieja del Malecón, se constipa Francis y todo se va al garete. Llamadas allí y aquí para anular la fiesta: “No salgáis de Valencia, que no hay comida”, decimos a un hijo. “Por imprevistos, dejamos la reunión para otro día”, decimos en la Casa Vieja. Y así. Me estoy temiendo que mañana, la Romería del Cristo en Jumilla, correrá la misma suerte: “Después del gasto hecho y la gente junta, le dice el novio a la novia que no le gusta”.
-¿Qué cuentas del novio y la novia, Gregorio?
-Es un símil, Andrés. El lenguaje admite estas comparaciones, que hasta adornan como flores en las casas. Para hacer tu relato más ameno y atractivo, se recurre a un símil o semejanza. Jesucristo utilizaba parábolas para enseñar su doctrina a los rudos pescadores. Tenía que hablar de lo que ellos conocían. Los padres y maestros deben usar estos símiles con los niños para que los entiendan mejor. Las fábulas se basan también en comparaciones para ser comprendidas: “A un panal de rica miel…”. ¿Conoces la parábola del sembrador? Reunida una gran muchedumbre, Jesús dijo: “Salió un sembrador a sembrar su simiente y al sembrar, una parte cayó junto al camino y las aves se la comieron. Otra cayó sobre peñas y se secó por falta de humedad. Pero otra cayó en tierra buena y dio su fruto”. Luego exclamó: “El que tenga oídos para oír que oiga”.
Con todo, sus discípulos le preguntaron luego: “Maestro, ¿qué significa la parábola que has contado?”. Y Él contestó: “La semilla es la palabra de Dios. A unos se la arrebata el demonio para que no fructifique, pero en otros da fruto”.
Francisco Tomás Ortuño
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