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Un Cuento.

2 noviembre 2017 : Fieles Difuntos
Otoño´17 : Un Cuento

     Murcia, la una, en mi escritorio. Oigo la puerta: se va la Señora que limpia los jueves, por más señas rumana. Me trae a la memoria, y Dios sabrá por qué, lo que oí en Inacua esta mañana. Yo me vestía en mi “vestidor” y escuchaba fuera a dos amigos, que, por el timbre de su voz, eran mayores. Uno decía a otro:
     -“No vayas a una Residencia, que es ir a una cárcel”. No llegué a verlos; cuando salí, no estaban. Luego, en el camino a casa, pensé: “Cada cual habla de la feria según le va en ella”. La Residencia puede ser buena, pero los residentes hablan según les va a ellos.
     Hoy es el “Día de los Difuntos”. Siempre lo he confundido con el “Día de los Santos”. No sé si es hoy o fue ayer cuando nos decían de niños que salían los muertos de sus tumbas y se aparecían a los vivos. Luego escribí Cuentos relacionados con el género. Te copio uno de ellos que tengo más a mano: HASTA LA MUERTE –de mi libro “Historias de un año especial”:
     Justo y Flavia formaban lo que se dice un matrimonio ideal. En sus esquemas de pareja no entraban la discusión ni la duda. Se amaban de tal manera que no se explicaban cómo habían podido vivir separados antes de vivir juntos. Fue conocerse y saber que estaban hechos el uno para el otro; que eran dos mitades que se necesitaban para seguir viviendo, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la opulencia y en la escasez.
     De tal manera se querían que pensaron en la muerte cual nube perversa en el horizonte. Y temblaron ante el hecho cierto de tener que dejarse algún fía. “Moriré yo contigo”, decía él. “Moriremos juntos”, exclamaba ella. Pero sabían que antes o después tendrían que afrontar el hecho de la separación. “¿Quién será primero?”, decían ambos entre risas y llantos. Una de estas veces dijo Justo: “El que muera antes volverá a decirle al otro cómo es la otra vida”. “De acuerdo”, contestó Flavia. “¿Qué te parece que fijemos fecha?”. Y pensaron que al año justo de morir el uno, el que fuera de los dos volvería.
     Vivieron aún muchos años, pero no se olvidaban de su promesa. “Al año justo, ¿eh?”, le recordaba él. Y cuando menos se lo esperaba, se encontraba con que Flavia le decía: “Justo al año, ¿vale?”. Este juego o promesa los unía más si cabe. La esperanza de estar juntos de nuevo, aunque fuera al año de haberse separado, les hacía ilusión, o, por lo menos, les hacía sentir menos miedo a la muerte. Los dos eran creyentes y esperaban a pie juntillas en la otra vida, pero querían saber cómo se estaba allí sin haber estado.
     -Si yo soy primero –decía Justo- te diré si puedo aguantar la gloria sin estar a tu lado; te contaré en qué paso allí mi tiempo; te diré cómo se sufre en el cielo por amor, dejándote aquí, que es lo que más quiero.
     -Si fuera yo –decía Flavia- te contaré que rezo por que vayas pronto porque cielo sin ti no me lo explico.
Continuará
                                             Francisco Tomás Ortuño

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