10 noviembre 2017 : San Andrés Avelino
Andrés Avelino, vivió entre los siglos XVI y XVII; fue sacerdote teatino –Orden de Clérigos Regulares: Ordo Clericorum Regularium-, llamados comúnmente como Teatinos. Famoso por su santidad de vida. Murió santamente a los pies del altar al comenzar la Eucaristía.
Otoño´17 : Moriscos
En el año 711 llegaron a España los musulmanes. Don Rodrigo, último rey visigodo, perdió la batalla y la vida en Guadalete. Los pueblos que nos invadían y se quedaban aquí, ¿acababan con lo anterior o formaban entre vencedores y vencidos otro pueblo nuevo, distinto, como ocurre en las combinaciones de ciertos metales?
Creo que reparamos poco en este aspecto cuando estudiamos la Historia. Vienen los romanos y viven con los celtíberos muchos años. España se romaniza, pero ¿siguen siendo sus habitantes aquellos que perdieron la guerra, aquellos que vivían antes de la invasión o empieza una nueva vida en España con gente invasora exclusivamente? ¿O tal vez nace otro pueblo en el que se combinan los usos, las leyes, la cultura y costumbres de vencedores y vencidos?
En el siglo V llegan los godos a España. ¿A dónde fueron los hispanorromanos que había? ¿Se fundieron con ellos para dar otro pueblo distinto que ni era romano ni era godo y era godo y romano a la vez?
Tras trescientos años de vivir más o menos en paz, vienen los moros. ¿Qué encuentran los nuevos invasores? ¿Cómo son los nuevos españoles que soportan la invasión? Unos son católicos, los otros musulmanes; aquellos tienen sus leyes que desconocen estos. ¿Quién prevalece sobre quién?
La Reconquista empieza con don Pelayo en Covadonga en el año 718. ¿Qué son los españoles de711 a 718, godos o musulmanes? ¿Y cuando transcurren doscientos años, trescientos años, quinientos años? ¿Qué cuando los Reyes Católicos terminan la Reconquista en 1492?
Después de tantos siglos de convivencia, de tantos matrimonios y nacimientos, ¿qué hay más en España, cristianos viejos o invasores árabes? ¿Acaso una especie distinta a los cristianos que descienden de los godos vencidos en Guadalete?
Estas reflexiones cabría hacérselas con los reyes que hubo a partir del siglo XVIII. La Historia es en todas las naciones un cambio constante de unos por otros con religiones y culturas encontradas, que habría que estudiar mejor.
La gran masa de árabes o moros vencidos después de casi ochocientos años de lucha, fueron llamados moriscos. Estaban muy desigualmente repartidos. Solían quedarse allí donde vivían en el momento de ser reconquistada su tierra. De unos trescientos mil, había muchos en Andalucía, Murcia, Valencia y Aragón. También en Castilla y Extremadura.
Trabajaban sobre todo en la agricultura, en el pequeño comercio y en la artesanía. Había barrios llamados “morerías” en los que se congregaban. Y pueblos en los que solo había moros, como en Hornachos, de Badajoz, donde se cuenta que solo estaba el cura que no fuera de ellos, En estos lugares dicen las Crónicas que “sacaban los ojos a las imágenes o las destruían a pedradas”.
Del Reino de Granada, por la sublevación de las Alpujarras, fueron expulsados 50.000 moriscos en 1570, hacia el interior –Toledo, la Mancha y Extremadura sobre todo-. La gran masa de moriscos -135.000 en Valencia, más de 60.000 en Aragón, 30.000 en Andalucía, 45.000 en Castilla, 15.000 en Murcia- era mal vista, no gozaba de ninguna simpatía. Se limitaban a trabajar para su señor y punto.
Hasta que el rey Felipe III dijo de expulsarlos. La historia cuenta que “el 9 de abril de 1609 –Cervantes escribía entonces la Segunda Parte del Quijote, obligado por Avellaneda con su Apócrifo-, el mismo día en que se firmó la Tregua de los Doce Años con los Países Bajos, Felipe III tomó la decisión de expulsar a los moriscos”.
¿Fue acertada la decisión? ¿Se pensó bastante en las consecuencias de tal medida? Cierto que el pueblo en general no quería a estos individuos, que vivían aquí tantos años con los españoles como en su propia casa, y esto por tres razones principales: hablaban otra lengua, tenían otra religión y quitaban puestos de trabajo.
Un obispo dijo sin tapujos que no los quería ni ver. Aunque muchos fueran, a su modo, amantes de España, como dice Ricote, morisco, a Sancho en el Quijote: “Do quiera que estamos, lloramos por España, que en fin nacimos en ella y es nuestra patria natural”. Pero no se les veía bien y Felipe III mandó su expulsión.
Se comenzó por Valencia –Vinaroz, Denia y Alicante-. En Octubre se sublevaron contra la medida 6.000 moriscos; pronto otros 15.000 que fueron a refugiarse en las montañas. En tres meses se embarcaron más de 100.000. Siguieron los moriscos andaluces, que en número de 33.000 salieron por Sevilla y Málaga. Los de Castilla, viendo que tras la invitación a marcharse seguiría la expulsión forzada, se encaminaron hacia Francia por los Pirineos, puesto que el rey francés, Enrique IV, permitía su entrada y los acogía.
Hubo una lucha tenaz por expulsar a los moriscos. Se les dio por fin un plazo para marchar a los que no lo habían hecho todavía y los pobres presentaban “papeles” para no irse, pero no les valían de nada los certificados de buena conducta o de buenos cristianos que les daban los párrocos de las iglesias. En 1611 hubo una repesca inmisericorde de cuantos moriscos quedaban.
Hoy no sé el número de magrebíes que habrá en España, pero el hecho se repite. ¿Vendrá otro Felipe III que diga de expulsarlos? ¿Pensarán entre ellos conquistar otra vez España? El tiempo tiene la palabra.
Francisco Tomás Ortuño
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