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Encurtidos.

31 octubre 2017 : San Urbano, Martes
Otoño´17 : Encurtidos

     Murcia, la una y diez, en mi camarín. Acabo de llegar del Mercado de Verónicas. ¡Cómo me gusta pasear por delante de los puestos! Esperaba a mi Señora para ayudarle con el peso de la compra, y, como no llegaba, me he sentado en un banco. Enfrente he leído un cartel que decía: “Aceitunas y Encurtidos”.
     “¿Qué vende este hombre además de aceitunas?”, me he preguntado. La gente se paraba a hablar con el tendero y este les pesaba artículos y se los cobraba. Yo seguía intrigado con los encurtidos. “¿Qué serán los encurtidos?”, me preguntaba.
     Cuando ha quedado solo, me he acercado al puesto y he preguntado al tendero: “¿Le puedo hacer una pregunta?”. Me ha mirado curioso. “Claro, ¿de qué se trata?”, ha respondido amable. ¿Qué se pensaría el hombre que le iba a preguntar? ¿Si mañana abría la tienda? ¿Si había visto a mi Señora? ¿Si Puigdemont había vuelto de Bruselas?
     Se ha acercado más, como si fuera un secreto de confesión. “Dígame”, ha dicho aún. Y entonces le he preguntado en voz baja: “¿Qué vende usted por encurtidos?”. Y he seguido: “Dice en el puesto: “Aceitunas y Encurtidos”; por aceitunas sé lo que da, pero ¿qué quieren sus clientes si le piden encurtidos?”.
     El hombre se ha sonreído. Se ha dado cuenta de lo que yo quería saber, y bajando la voz, como en secreto, me ha respondido: “Lo que se conserva en vinagre”. Le he dado las gracias y he vuelto a sentarme en el banco de madera que había dejado antes.
     Como llegaba mi mujer, me he levantado para recibirla. Al pasar por el puesto, como persona entendida, le he preguntado: “¿Vas a comprar encurtidos?”. “Hoy no”, me ha contestado. Y yo me he quedado con la duda de si sabía mi mujer lo que son encurtidos.
     “¡Cuánto por aprender!”, me he dicho por el camino sin abrir la boca. Cuando he llegado a casa me ha faltado tiempo para acudir al diccionario y buscar la palabra. Encurtido seguía a “encunar: Poner al niño en la cuna. Coger el toro al lidiador entre las astas”.
     ¿Sabía yo que “Encunar” era coger el toro entre sus cuernos al torero? ¡Cuánto por saber!, me he repetido. Por fin he leído: “Encurtido: Poner y conservar ciertos frutos y legumbres en vinagre”. He quedado tranquilo. Un diccionario es un buen amigo absolutamente necesario.

                                       Francisco Tomás Ortuño   

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