12 noviembre 2017 : San Josafat
Otoño´17 : Procesiones
Santana, las once, en el comedor, con el brasero eléctrico en la mesa camilla. Mamá y Lina en la calle, ellas sabrán dónde. Hace sol y se puede estar fuera, pero yo tengo un catarro encima que no me atrevo a salir. La noche ha sido fatal: de tos en tos y tiro porque me toca. No recuerdo otra parecida. Yo le decía a mamá entre bromas y veras: “Para lo bueno y para lo malo”. Ella me comprendía y me hacía limonadas. Ahora se acerca la hora de subir a Misa. No sé si podré evadirme. Dirán las dos -madre e hija, hija y madre-, que “antes es Dios que los santos”. Luego te lo cuento.
Ayer hubo en Murcia procesión de Semana Santa. Con los Salzillos en sus tronos. Yo no sé por qué en noviembre hacen la procesión de abril, pero te juro que la hicieron. Bandas de música, nazarenos, cofradías, de todo, hasta gente sentada en las calles viéndola pasar. Caramelos, no. No iban ayer con los buches repletos de golosinas para dar a los niños. En cambio, sí estaban cuatro Obispos –titular e invitados- en el balcón de Palacio, junto a la Catedral. Los portadores de los Pasos, cuando pasaban por debajo, hacían un giro de noventa grados para que los vieran de frente.
Don José Emilio, amigo y profesor en la Universidad Católica de Murcia, que dirige un Programa religioso en Televisión Española, y otro Señor que sabe mucho de imágenes y procesiones de Semana Santa de todos los pueblos de la región –Cieza, Yecla, Jumilla, Lorca-, hablaban y comentaban los Pasos que desfilaban por la Plaza del Cardenal Belluga. Tres horas de procesión, de las siete a las diez de la noche, por calles abarrotadas de gente. La noche era primaveral.
Quiero confesar que nunca fui devoto de las procesiones de Semana Santa. Me parecieron siempre un juego de niños. Cuando algunos amigos hacían procesiones con botes por tambores y andas con santos por tronos, veía lo mismo: una farsa. Había tal salto a la Pasión de Jesús en el Calvario, que lo consideraba un agravio. Que las autoridades locales presidieran las procesiones me parecía ridículo, francamente pueril. Nunca llegué más allá. En cambio, recitaba, emocionado, los versos de Gabriel y Galán:
La pedrada
Cuando pasa el Nazareno
De la túnica morada,
Con la frente ensangrentada,
La mirada del Dios bueno
Y la soga al cuello echada,
El pecado me tortura,
Las entrañas se me anegan
En torrentes de amargura
Y las lágrimas me ciegan
Y me hiere la ternura…
Francisco Tomás Ortuño
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