1 noviembre 2017 : Todos los Santos
Otoño´17 : El arrope de San Pedro
Murcia, las diez en punto, en el camarín que da a la torre de la iglesia. Antes, cuando vinimos a Murcia la familia, se veían las campanas; luego las taparon pudorosamente los albañiles. Mejor así, que ciertas cosas, mejor escondidas. Lo primero parecía exhibicionismo.
El cielo está de lluvia, como anunció Brasero. Brasero es el apellido del “hombre del tiempo”, o meteorólogo, como antes Maldonado o los hermanos Medina, en tiempos de Franco. Dijo que llovería y ha llovido: no mucho, la verdad, pero ha llovido. Entre sueños, esta noche, yo escuchaba el chisporroteo del agua en mi ventana.
-Si estos hombres…
–Y mujeres, Faustino, no monopolices; ahí están Mónica, Alejandra, Silvia, Ana de Roque y muchas más.
-Si estos hombres y mujeres vendieran lluvias en lugar de anunciarlas, se hacían ricos y ricas: “Quiero una lluvia pequeñita hic et nunc para mi viña”. Y el vendedor de lluvias le diría: “Últimamente ha subido el precio, como la gasolina; pero tomo nota y luego se la mando”.
¡Qué poderosos serían estos hombres y mujeres, Sabino! Si pronosticando el tiempo son de poco brillo y consideración, como monaguillos de iglesia, traficantes de lluvias se convertían en personajes de leyenda: “Por favor, véndame una lluvia para mis melones”. “Yo quiero una lluvia de siete días, a medio gas, para una hectárea de terreno en la Cingla”. “Tomo nota también”.
Pero esto de esperar a que los Santos encargados del Cielo no se olviden o no se distraigan, no es serio: “San Policarpo, por el sureste de España se quejan de no ver llover en tres años”; “San Filoctetes, cierre el grifo por Huelva, que se están ahogando los gallinos de una granja”. “San Hilarión, que va a llegar diciembre y siguen los calores del verano…”.
Si se compraran las lluvias –grandes, pequeñas, cortas o largas en el tiempo, intensas o suaves, la vida cambiaría. Yo creo que el Señor, con los años que lleva probando, debía de enmendar algunos errores que tuvo su Creación. Tomar el mando de nuevo y quitar y poner lo que sobra o lo que falta; que hay cosas que maldita la falta que hacen y otras que deben corregirse.
Los tiempos son otros a cuando vivía el padre Adán en el Paraíso. Son años y milenios los que han pasado. Y el Señor igual se piensa que todo sigue como entonces. Su Creación fue maravillosa, no se lo discuto, pero con los ángeles y luego con el hombre y la mujer que dejó para el final, no estuvo a la altura. Debía de darse una vuelta a ver cómo sigue su obra, que por algunos sitios va haciendo aguas.
Segundo tiempo: Por aguas iba cuando, por imperativo legal de mi Señora, sonó el silbato del árbitro para hacer un descanso. “Hoy, día de Todos los Santos, es día de precepto”, ha dicho oyendo las campanas escondidas de la iglesia de San Antolín.
Como “a buen entendedor, con pocas palabras basta”, que dice el refrán, he comprendido el mensaje y ordenado al árbitro que pitara el final del primer tiempo. Sigo ahora, a la una, habiendo pasado antes por los puestos de la Plaza de San Pedro con arropes y pandehigos, haciendo acopio de los mismos para que la tradición se mantenga.
Francisco Tomás Ortuño
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