4 noviembre 2017
Otoño´17
Fin de un Cuento:
El corazón le latía más deprisa que de costumbre. La mecedora que ocupara antes Justo, permanecía enfrente de la suya, justo enfrente la una de la otra. Próximas. Así pasaron muchas horas antes, mirándose o leyendo.
Eran las nueve en punto, sonando las campanadas en el reloj, cuando Flavia sintió que alguien la visitaba. Un leve revuelo de gasas en la ventana, el movimiento tenue del aire en la habitación, un vaivén apenas perceptible de la mecedora.
-Amor mío –exclamó ella. Y, como en sueños, vio dibujarse, sentado frente a ella, la figura incorpórea de su esposo.
Se miraron largamente, sin hablarse. Ella con arrobo de esposa amante y él con la dulzura de los bienaventurados. ¿Cuánto tiempo permanecieron así? Cuando llamaron a la puerta y, alarmados por el silencio, la abrieron, solo encontraron el cuerpo sin vida de Flavia, vestida de novia, con una sonrisa dulce dibujada en su rostro sereno.
Francisco Tomás Ortuño
POESÍA
Cuando voy a la piscina,
La Luna me va siguiendo
Camina que te camina.
Se cree que me va engañando:
Me dice que va creciendo
Y yo sé que va menguando.
Que lo que quiere es jugar:
Está sola mucho tiempo
Y no lo puede aguantar.
Yo subiría contigo,
Por el día o por la noche,
Pero lo tengo prohibido.
Desde Japón hasta Angola,
Se nace ya con un sino,
Y tu sino fue estar sola.
Tu destino fue cruel,
Mas debes obedecerlo
Porque naciste con él.
F.T.Ortuño
INACUA
La socorrista,
Mirada atenta,
Vigila a los bañistas
Subida en su escalera.
En tanto que Cristina,
Insigne monitora,
Enseña a unas Señoras
A nadar por las calles
De la piscina,
¡Hermosa INACUA!,
¡Qué maravilla!
Por grandes ventanales
Se ven palmeras,
El sol entra a raudales,
Y, cerca, en la autopista,
Los coches vuelan.
F.T.Ortuño
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