9 noviembre 2017 : Ntra. Sra. de la Almudena
Otoño´17 : El vigilante
Murcia, jueves, las once y media. Empecé en un sitio y sigo en otro. Cosas de los jueves y las limpiezas: ahora aquí y luego allá como hojas del árbol caídas. El viento de otoño las cambia de sitio; y aquí, el cubo y la fregona me piden mudarme.
En cambio, a mamá, que encendió la tele y vio que el Obispo celebraba una Misa solemne en la Almudena de Madrid, no hay quien la mueva. Hasta celebraría que la Señora que limpia se sentara con ella a escuchar la homilía y los cantos litúrgicos.
-¿Aunque no limpiara?
-Aunque no limpiara. Para ella, el pasaje evangélico de Marta y María con Jesús, en la casa de su amigo Lázaro, cobra un sentido especial. Lo primero para ella es escuchar al Señor; y luego lo demás: la casa, los muebles, lo que tú quieras. Cada persona es como es y así debe obrar para ser feliz y sentirse plenamente realizada.
He leído lo que dije ayer, no suelo hacerlo, de unos versos de juventud. A mis años debe estarme permitido recordar cosas pasadas, que es de lo que más hay. No dije que “en la mili”, un compañero y paisano me confesó que estaba enamorado de mi mujer. Y sabiendo que yo era Maestro, me pidió que le redactara una carta para ella confesándole sus sentimientos.
No recuerdo lo que le puse, pero sí que se la escribí. No tuvo respuesta, me consta, pero la carta llegó a su destino. Cuando pasaron años y yo me fijé en ella de otra manera –para ser la madre de mis hijos-, le pregunté por la carta.
¡Qué cosas tiene la vida! ¡Cómo se ordenan misteriosamente para llegar a donde tienen que estar! Y es que vuelvo a lo mismo: si mis hijos tenían que nacer, solo había un camino para llegar. Se lo dije a otro amigo en unos versos: “-Así es la vida, así Dios la querría, -como una interminable cremallera: -antes, por tanto, de que yo naciera, -raudo el destino a ti me conducía”. Como una interminable cremallera es la vida: Lo que ha de juntarse, desde lejos va dando vueltas para unirse.
Y decía también que en nosotros hay afectos, emociones y sentires que nos asaltan con fuerza a cada momento, difíciles de contener a veces. Pero que también tenemos una razón para gobernar ese mundo revuelto y difícil de dominar.
¿No pasa lo mismo en otros campos? ¿No queremos a veces algo inconfesable que la razón se lo impide? ¿No es la razón esa Ley que no deja hacer a cada cual lo que le venga en gana? ¿Qué sería la familia, la sociedad, el mundo, si no se gobernara por la razón? ¿No es Cataluña hoy, con su afán separatista de algunos, un caso evidente de querer saltar por encima de la Ley los sentimientos absurdos de unos pocos?
Francisco Tomás Ortuño
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