14 noviembre 2017 : San José Pignatelli
José Pignatelli (1737-1811) nació en Zaragoza. Ingresó en la Compañía de Jesús con 16 años. Vivió los años de la expulsión de los jesuitas y de la disolución de la Compañía. Luego fue uno de los restauradores de los jesuitas, fiel al proyecto de San Ignacio de Loyola.
Otoño´17 : Divinidades
Murcia, la una, donde ayer. Te lo recuerdo: junto al piano y con el mismo sol y el mismo aire fuera de casa. Vengo de la calle y he constatado que es así.
¿Cómo se mantiene el aire de la troposfera tranquilo y sereno a la velocidad del tren que nos lleva? Dirás que es lo mismo que otro coche: dentro el humo del cigarro sube vertical, sin querer saber a qué velocidad se mueve el vehículo.
Sí, ya lo sé, que los cuerpos en el espacio se atraen y repelen en razón directa de sus masas y en razón inversa del cuadrado de sus distancias.
Que es la gravedad, que hace que las aguas del mar no salgan disparadas, como el aire de la atmósfera –troposfera y estratosfera-.
Pero, ¿no te asombra ver esa quietud si cierras los ojos y observas que los planetas giran alrededor del sol a más de cien mil por hora en el espacio –cada año vuelve adonde mismo-, y que la luna sigue donde estaba hace mil años?
Yo no salgo de mi asombro, a pesar de que los libros digan que es debido a la gravitación universal.
El Sol –una estrella más entre millones- a ciento cuarenta y ocho millones de kilómetros de la Tierra, ejerciendo ese poder de luz y de calor sobre nosotros;
La Luna, a una distancia igual a la velocidad de la luz;
La Tierra misma, con su composición de oxígeno y nitrógeno precisos para que el hombre viva en ella…
Son tantos los factores que se necesitan para que todo se mantenga como está, que cuesta pensar que sea casualidad.
Si uno solo de estos factores cambiara, en composición o distancia, ¿no iría todo lo creado al traste? ¿Qué sería del hombre si el oxígeno, solo el oxígeno, se igualara en proporción con el nitrógeno? ¿No es un milagro que hoy tengamos este sol que nos calienta y este aire que nos permite respirar?
-En cambio, Severo, ¿dónde está quien la mantiene cuando un fuego quema bosques; cuando hay terremotos y mueren niños inocentes?; ¿Cuándo las lluvias anegan los campos y deja a los hombres sin cosechas?; ¿dónde estaba cuando una epidemia acabó con miles de vidas? ¿Acaso hay dos divinidades -una buena y otra mala- que luchan entre sí por mantener la supremacía?
Francisco Tomás Ortuño
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