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Campos de Agramante.

11 noviembre 2017 : San Martín
Otoño´17 :  Campos de Agramante.


     Santana de Jumilla, las siete de la tarde, en la cocina junto al fuego. Ya noche fuera.
-¿De qué irá tu parto hoy, Juan?
-Pensaba no escribir los pensamientos que tenía.
-¿Eran malos?
-Mejor, tristes, Bruno.
-No me dejes así, Juan: Cuéntamelos a mí solo.
-Pensaba esta tarde que los Profesores no pueden enseñar: los alumnos no se dejan. Vamos a ver: ¿A qué van los alumnos a un Colegio? A aprender. Pero si no quieren, didícil lo tienen los Profesores.
    Antes los niños iban a la Escuela y el Maestro los enseñaba a leer, a escribir, a contar y hasta aprendían buenas maneras: ceder el asiento a una Señora, pedir las cosas por favor, decir gracias siempre, estar callados si hablaban los mayores, no decir malas palabras, etc.
Y el que no valía para estudiar se quedaba en casa. Era un sistema selectivo desde abajo. Los que no querían estudiar, o no valían, trabajaban en el oficio que tenía su padre, en el de un amigo, o de pastor. Así, todo discurría con normalidad.
Nada por la fuerza: Que quieres estudiar, a estudiar; que quieres trabajar, a trabajar. Pero luego se obligó a quedarse en el Colegio a todos, quisieran o no quisieran quedarse. ¿Y qué paso? Que los que no querían quedarse, al ser obligados comenzaron a gritar, a no dejar a los que sí querían quedarse, a insultar a los Profesores, a pinchar ruedas de coches y hasta a pegar tiros.
     Las Escuelas y los Institutos se convirtieron en Campos de Agramante. Menos enseñar, lo que quieras. “Aguantar” es la palabra más suave para los que tenían que soportar a estos compañeros horas y horas, días y días, en la misma Clase. Los provocadores se inventaban cada día la travesura de turno para tener a los demás a su merced.
     “No os pegamos si nos dejáis hacer lo que nos dé la gana”. Y con ese acuerdo tácito los unos no decían nada y los otros andaban a sus anchas. Los enseñantes no enseñan y los niños quedan sin aprender. ¿Qué procede? Creo que está tan claro como agua de manantial: “¿Tú quieres aula o calle?”. Calle, pues fuera. “¿Y tú? ¿Aula? Pues a estudiar”.
     Cuando los Colegios sean Centros de enseñanza, como las iglesias lugares de oración y los campos de fútbol sitios donde se juegue a meter goles en las porterías, se podrá decir que hay enseñanza y que los niños aprenden. Hoy por desgracia, las Escuelas y los Institutos son campos de batalla a donde se va a sobrevivir por un sueldo, pero no a enseñar ni menos a aprender como sería lo justo.
                                             Francisco Tomás Ortuño

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