Murcia, 11 Abril 2017, Martes Santo
Sigo contando… De un libro
Ayer estuvimos a saludar a mi cuñada Juana, en su casa de la calle de la Amargura. Jumilla tiene calles con nombres pasionales: Calvario, Cruces, Amargura, Soledad… Nos enseñó un libro de la recién fallecida Paloma Gómez Borrero: “Juan Pablo II, recuerdos de la vida de un santo”.
La autora estuvo en el Teatro Vico de nuestro pueblo, y a quien compraba el libro se lo dedicaba: “A Juana con mi cariño y amistad, Paloma Gómez Borrero. Vería mis ganas de hojearlo y me lo dejó para leerlo. Un libro para mí fue siempre el mejor regalo, aunque tuviera luego que devolverlo.
Esta mañana estuve repasándolo. Vi las fotos que lleva entre sus páginas 96 y 97: El Papa en los Alpes, 1998; el Papa con Fidel Castro en Cuba; el Papa en su visita a un hospital; el Papa herido en el atentado de 1981; Navegando en una góndola,1985; con el Rey Hassán de Marruecos; con Gorvachov, Presidente de la URSS, 1989, etc. etc.
He leído ya “Anécdotas con el español”, por dos razones: por ser el primer Capítulo de la obra y por el tema: quería saber los apuros que pasaría un polaco con nuestro idioma:
a)
En un viaje a Méjico –cuenta la periodista- le pregunté si estaba contento ante las muestras de fervor que le brindaron los mejicanos, y me respondió: “Sí, sí, estoy muy, más, mucho contento”.
b)
Durante su viaje a Granada en 1982, los jóvenes decían en una pancarta: “Juan Pablo, so pillo, nos has metío en el borsillo”. El Papa la leyó y releyó y no entendiendo, preguntó: “¿Dónde los he metido?”.
c)
En Santiago de Compostela, en la Jornada Mundial de la Juventud del 19 de Agosto de 1989, los jóvenes cantaban a ritmo de rock: “Pasta, pasta, más pasta… queremos pasta, mucha pasta…”. Juan Pablo II, que observaba atento, comentó intrigado al arzobispo de Toledo y Cardenal Primado de España: “No comprendo por qué quieren todos comer espaguetis”. Su eminencia don Marcelo Martín no pudo por menos que sonreír y explicarle que la pasta a la que los jóvenes aludían era el dinero.
d)
En otra ocasión, Juan Pablo II fue saludando a la multitud por países: Albania, Francia, Alemania, Irlanda, Rumanía… Cuando dijo España, escuchó: “Torero, torero, torero”. Y él creyó que decían Toledo, Toledo, Toledo, y exclamó: “¡Cuántos chicos de Toledo!”. Y recordando su visita a la ciudad imperial, añadió más bajo: “¡Qué bonita es Toledo!”. Debieron de sacarle de su error, porque en otro lugar escuchó lo mismo y dijo sonriendo: “Ya sé que no son de Toledo”.
Francisco Tomás Ortuño
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