7 abril 2017, viernes, San Juan Bautista de la Salle
Sigo contando… De obreros
-Santana, las doce y media, en la cocina, junto a la lumbre.
-¿Has dicho en Santana, junto a la lumbre?
-Así es, Porfirio, junto a la lumbre y en Santana. El día prometía otra cosa, pero se ha revuelto como un calcetín. Vinimos temprano de Murcia como quien va de Romería, y nos hemos encontrado con un ambiente hostil, de caras largas.
Mamá encendió la lumbre como si fuera invierno y fuera no se podía estar. Ahora que las dos mujeres han bajado al pueblo, yo me he venido a la cocina, junto al fuego, a cumplir con mi escritura.
Iban a venir electricistas, albañiles y mujeres a limpiar la casa, pero aquí no viene nadie. Como estamos dos semanas fuera, los obreros la habrán emprendido por otro lugar, que el que la lleva la entiende y es dueño de sus actos.
-¿Puedes venir a trabajar?
-Si puedo, iré.
Y en el “poder ir” está la clave. Los obreros que buscan trabajo no pueden decir que no, pero luego van a donde les interesa. Si hay un trabajo aquí y otro trabajo allí, van al que más les conviene, que el trabajo es un bien escaso para estas personas que disponen solo de sus brazos para allegar unos euros a la familia.
Hacen de todo: igual son albañiles, que fontaneros, que agricultores. Saben de todo y buscan trabajos de lo que sea. “A tanto la hora de ocupación en lo que necesite que le haga”. Se venden por horas. Y van donde más obtienen. Son especialistas en todo, hasta en hacer lo menos por más. Te lo explicaría pero no tengo tiempo.
Llegan mi hija y mi mujer del pueblo con bolsas en sus manos. “Recuerdos de tu sobrina”, me dicen. Es de mi sobrina Lina, que siempre tiene un detalle para su tío: un rollo, una empanada… “Gracias, sobrina”, le devuelvo la atención. Fluye la misma sangre por nuestras venas; es la vida que se transmite como la savia de los árboles.
Francisco Tomás Ortuño
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