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A mi madre Pepa.


(Hola tío, como me pidió Miguel te envío las palabras que escribí sobre mi madre)


        A mi madre le cautivaba la figura de Jesucristo, pero del Jesucristo hippy del póster de los 80 que decía: « SE BUSCA » « RECOMPENSA: LA LIBERTAD ». Lo que forjaba su religiosidad y su identidad política era su sensibilidad social y su sentido de la justicia. Pudo resarcirse de una infancia y una juventud dominadas por una moral que no era la suya, gracias a su participación en las luchas sociales de los ochenta de la mano del movimiento cristiano que impulsaron los curas obreros y que se apoyaba en la Teología de la Liberación, con la figura al frente del jesuita Antony de Mello, con cuyos cuentos hemos crecido y nos han hecho crecer. Ese movimiento se apagó y volvieron a desempolvar los confesionarios de su parroquia. Pero el desencanto de las luchas perdidas también deja la satisfacción de haberlo intentado y unos principios reforzados. Muchos años después vivió con entusiasmo el surgimiento del movimiento 15M. Su capacidad de ilusionarse era el secreto del estado de juventud que mantuvo siempre su alma. Mi escepticismo solo se ha rendido (por admiración) , a esa ilusión pura,  a esa fe, porque vi con nitidez que es la facultad indispensable para cambiar lo que está mal, lo que no es justo. Quiso enrolarse en una guerrilla de yayoflautas, pero se sabía ya muy limitada y se contentó con escuchar el clamor de voces contra la injusticia.
Su ser combatiente no era sino la fuerza de una generosidad que tenía tomada su alma al completo y que respiró en ella hasta el último aliento, hasta el último beso. Confieso que la idea de la vida sin ella, me sobrecoge, me aterra, aunque sepa que el regalo de su amor trasciende el tiempo y que la luz de su generosidad es una estrella.

Ana Tomás Lozano

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