26 enero 2017
Sigo contando : Tormentas
Murcia, las nueve, en mi retiro. Pasó la tormenta. Volvió la calma, que nada hay que cien años dure. Nihil…
Hace unos días, solo unos días, la semana pasada, no se podía salir de casa. Pensé que, para esas ocasiones, el Gobierno podía declarar unos días festivos “por mal tiempo” en Escuelas, Mercados, Bancos… como un paréntesis temporal. Cuando el tiempo se calmara, todos a seguir. Contra el tiempo no hay quien pueda. No cabe sino verlo venir y guardarse de él.
¿Tú has visto tormentas con rayos y truenos? ¿Qué puedes hacer sino esconderte para que no te vea? ¿Le vas a hacer frente, abriendo los brazos, desafiante, mirando al cielo? “¡Quítate de en medio que te fulmino!”, diría riendo la tormenta. Y con la lluvia lo mismo. Cuando las nubes sueltan cataratas y los ríos se desbordan y entran en las casas, ¿qué puedes hacer sino huir de su furia y pedir al Cielo que se calme?
Hasta la nieve, tan modosa que parece, como quien no ha roto un plato, como diga “¡aquí estoy yo!” con aludes y ventisqueros, nadie osa hacerle frente. Es otro fenómeno de la naturaleza que requiere atención y desconfianza. Era el caso de estos días. Desde hacía muchos años no daba la cara, pero vino y se paseaba como dueña y señora de la nación.
La verdad es que el hombre puede hacer poco en estos casos. Con los años y la experiencia, ha construido fuertes para guardarse de sus caprichos: contra la lluvia, soportales; contra el granizo, invernaderos; pistas de esquí para la nieve, y poco más.
El Gobierno podía decretar unos días festivos o de quietud hasta que se tranquilizara el fenómeno atmosférico de turno. Dice un refrán que “si no le puedes al enemigo, alíate con él”. Podemos aplicarlo aquí. Si no podemos hacer nada contra el viento, lluvia o nieve, dejémoslos que se desfoguen a sus anchas y escondámonos de su furia hasta que salga el Sol de nuevo.
Francisco Tomás Ortuño
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