30 enero 2017
Sigo contando : Oficios
-Hay muchos desajustes en la sociedad, Evaristo.
-¿Cómo no va a haberlos, Sebastián, cuando hay tantas ocupaciones y tantos que se las disputan? Por un azar, algunos, y solo algunos, tropiezan con su zapato.
-¿No ocurre lo mismo con los matrimonios? ¿Tú crees que entre millones van a emparejar debidamente los que buscan emparejarse? Solo algunos tienen suerte; los más tienen que hacer esfuerzos ímprobos por acoplarse cuando ya no hay remedio; y muchísimos ni con hormas especiales pueden entrarse el zapato o se hacen heridas.
-La solución a los trabajos tal vez estuviera en poder cambiar de oficio con más facilidad. Si uno no va, otro; si el otro tampoco, el de más allá. Como cambiar de boli si no escribe, por elegante que parezca.
-Lo último es apuntarse a que te llamen: si te toca a barrer jardines, a coger la escoba aunque te siente como un tiro; si de conserje en un Colegio, a vestir el uniforme y a pasar recados al Director; si de albañil, a subirse a un andamio aunque padezcas de vértigo. ¿Cómo van a rendir como trabajando en lo suyo? Hay muchos desencajados en la sociedad, Evaristo.
-La Iglesia dice a los que se casan que es para siempre y que piensen que los dos son uno hasta que la muerte los separe. Tal vez sea demasiado duro en muchos casos y de ahí las separaciones, los divorcios y hasta las muertes. En los oficios puede ser lo mismo, que el uno no sea para el otro por mucho que se empeñen.
Francisco Tomás Ortuño
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