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De un Abecedario

25 enero 2017

Sigo contando : De un Abecedario

Ayer estuve en la consulta de mi endocrino. Don José Ramón es un hombre afable, atento. Venía conmigo mi hija y quedó prendada de su trato. Siempre que voy a verle, salgo aliviado de mis males. Creo que esa debía de ser la norma general entre los médicos y sus pacientes.
Le conté que estuve ingresado en la Vega y enseguida me dijo que no viviera preocupado por el percance, que ese infarto o ictus ya no se iba a repetir. Lina y yo de vuelta a casa merendamos en una cafetería.

¿Conoces el Abecedario de la Vida Cristiana? Son consejos, de la A a la Z, para aplicar en la vida:
-Alaba a Dios en cada circunstancia de la vida…
-Devuelve lo que tomes prestado…
-Haz nuevos amigos…
-Olvida las ofensas…
-Reconoce que no eres infalible…
-Sé persona amable y entusiasta…
-Trata a loa demás como quieras que te traten a ti…  
Como ves son recomendaciones útiles pata aplicar en el trato con los demás. Faltan letras que no he puesto pero que están ahí. Con la Z dice: Záfate de las garras de Satanás, o sea, líbrate a manotazos de la presencia del demonio.
-No es mala recomendación esta última, Zacarías,, aunque tenga mis dudas de que podamos quitárnoslo de encima si él no quiere.
Sigo pensando que don José Ramón, mi endocrino, es amable y educado sin conocer el abecedario de la vida cristiana, y que otros son lo contrario aunque lleven los bolsillos llenos de abecedarios.

Ayer recibí una llamada telefónica que no esperaba. “¿Diga?”, pregunté. “¡Hola, Paco, soy O…; ¡cuánto tiempo sin vernos!”, dijo él. “Es verdad, O…”, seguí. Le hizo gracia que lo nombrara con nombre y apellidos y se rio. “¿Te dije que rompí con mi pareja?”, siguió. “Es lo último que me dijiste cuando nos vimos hace un año; y que te habías vuelto a casar”, aclaré yo. “A las doce suelo tomar café en la Plaza de las Flores, ¿por qué no vas un día y hablamos?”, terminó él.
O… es de Caravaca. Nos conocimos en Cehegín hace ya muchos años. Dice el Abecedario de la Vida Cristiana en la letra J: “Jamás pierdas una oportunidad de expresar amor”. Iré, pues a la Plaza de las Flores a tomar café con mi amigo. ¿Quién sabe si me necesita?

Francisco Tomás Ortuño

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